La Escritora Ecuatoriana Ana Cecilia Blum (Autora Kindle) presenta su libro de publicación digital Absurdities (Ficciones breves y otras líneas), editado por la reconocida poeta peruana Carmen Ollé y con una sugerente portada del artísta plástico ecuatoriano Carlos Garzón Noboa dentro del marco de la Celebración Internacional del Mes del Libro Hispano.

 

 

En esta ocasión la autora nos trae una cautivadora colección de ficciones breves. «Absurdities» es un libro de micro-relatos fantásticos que no puede faltar en nuestra biblioteca digital. Es siempre un placer leer a esta escritora, ya sea en poesía o narrativa, por esa manera singularísima que solo ella tiene para decir las cosas, por ese lograr atraparnos totalmente en los mundos fascinantes que crean sus palabras.
Jackson Hunter -Profesor de Literatura-

 

 

 

Portada-Absurdities-Ana-Cecilia-BlumApariencias de Cartón

 

El Hombre atiende primero la caja de los límites internos, la de adentro, esa de los aposentos oscuros: unos sellados, otros semiabiertos. Luego se dirige hacia las demás cajas, se mueve en ellas, casi existe con total familiaridad. En la caja de las habitaciones -donde entran las lunas y los soles- descansa, prepara los alimentos, se baña, se viste y enciende aquel artefacto irresistible que posee los poderes de encantamiento o depresión. Más tarde pone un pie en la extensión de otra caja, una mayor, aquella de las avenidas sin finales, luces de control y exigencias de socialización. Después, el trabajo y la universidad, esas también constituyen otras construcciones de entretejidos, responsabilidades, rutinas y obligaciones a ratos intolerables. Sale de allí y busca la naturaleza, pero el bosque, la laguna, el mar o la montaña parecen existir solo en su imaginación, en la escalera doliente de todas las cosas acartonadas; y así, con la inefable tristeza de los descubrimientos amargos, El Hombre concluye que la tierra, en sí misma, es solamente, la caja de una metáfora inmensa.

 

La Quimera y La Luna

Amanece y La Quimera se da cuenta de que La Luna se rompió anoche; trocitos de luna regados sobre su jardín, solamente sobre su jardín. La Quimera se pregunta por qué aquí, por qué los pedacitos de La Luna yacen tan solo aquí y ninguno en el patio de un vecino o del otro, tampoco en la calle, o en los techos, solo aquí; entonces La Quimera se da cuenta de que a La Luna la veía ella y nadie más, que la luna era una invención suya, únicamente suya, y que ahora La Luna no estaba rota sino que ella misma la había destrozado.

 

 

El Manual del Buen Muerto

 

Entraron al café con la confusión propia de los muertos recientes. Todavía no asimilaban ese cambio de sustancia, mejor dicho, de la no sustancia. Sabían que algo diferente había sucedido, todo fue tan rápido, tan violento. Las luces y un sonido de huesos rompiéndose. Cruzaban la calle distraídos, sonriendo, cuando una fuerza brutal brincó sobre ellos. Ahora en el café, no sabían qué hacer. ¿Cómo se aprende a ser muerto? Hemos aprendido de todo: a leer, a escribir, a amar, a odiar, a cumplir un horario, a llevar siempre un carnet de identidad. Pero nunca aprendimos cómo ser buenos muertos, sabios muertos, muertos resignados, muertos vivos. Se sentaron en la esquina de siempre, donde esa lucecita azul tenue los desnudaba todas las tardes, solo que ahora no había cuerpo que desvelar. En la pared, el grito de Munch, debajo ellos, interrogantes, etéreos.

 

La Capitana

 

Este no saber hacia dónde va lo satisface. Se deja llevar por las aguas, se ha rendido ante los vientos y las olas. Navega cerca de islas y penínsulas pero no ancla, la tierra firme ya no le atrae. Solamente los ecos del mar lo mantienen encantado; y los días que no se anuncian; y los mutismos precisos desparramados bajo las constelaciones; y la extraordinaria narrativa circular de la marea. El Capitán ya no es el capitán, La Capitana es la deriva.

 

Las Palabras

 

La vida del Escritor un día fue toda hecha de Palabras, hoy ya no; hoy su vida se compone de puntos: punto aparte, punto final, punto perdido en la finitud de los puntos. El Escritor está muriendo; su memoria se disuelve, sus manos se entiesan, su ingenio se seca. Las palabras lo han abandonado. Las palabras son como las ratas de los barcos que se hunden.

 

 

 

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